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Salimos de Valencia y nos adentramos en Pinedo, una pequeña población que muestra el camino que discurrirá, entre dunas y arrozales, hasta el Parque Natural de la Albufera, el "mar interior" valenciano.
Salimos de la cada día más populosa ciudad de Valencia, pasando junto a uno de sus estandartes arquitectónicos mas recientes, la Ciudad de las Artes y las Ciencias, y nos adentramos en Pinedo, una pequeña población que muestra el camino que discurrirá, entre dunas y arrozales, hasta el Parque Natural de la Albufera, el lago valenciano por autonomasia.
Desde el inicio de nuestro camino, nos hallamos en una llanura sin fin aunque, en días de mucha claridad, vislumbramos al fondo formas montañosas difuminadas entre las que creemos entrever la rotulada montaña de Cullera. El olor a barco y salitre enseguida llenan nuestro olfato de sensaciones marineras, y más aún cuando nos encontramos algún que otro cocedero de "clóchinas", que es la denominación que reciben aquí los mejillones, y que suele servirse, en determinadas temporadas del año, como aperitivo acompañado de una cerveza o un vino.
Seguimos por la carretera de Pinedo y enseguida dejamos atrás las edificaciones para adentrarnos en una zona de Pinos que nos rodean a un lado y otro de la carretera: Es la Dehesa del Saler, un enorme bosque de pinos que, con una extensión de cerca de 12 kilómetros, ocupa el espacio entre el mar y la Albufera. De vegetación rica y exhuberante, un tranquilo paseo permitirá descubrir algunas de las numerosas especies autóctonas que allí crecen como el borró o la corretxola marina, que conviven con la murta, el lirio de mar, el pino blanco, la coscoja y la zarzaparrilla. En dirección al mar, se suceden las dunas fijas, las dunas móviles y las pequeñas depresiones denominadas malladas. El Saler tiene una extensa playa de fina arena donde refrescarse en verano y magníficos restaurantes donde reponer fuerzas para continuar la ruta.
Y del agua salada al agua dulce en tan sólo unos metros. La visita a La Albufera -Parque Natural desde 1986, delcarada humedal de importancia internacional por el convenio internacional RAMSAR en 1990 y, posteriormente, Zona Especial para las Aves (ZEPA)- es obligada para todo el que llega por primera vez a Valencia. El atardecer con la línea de horizonte fijada en la Albufera nos ofrece un espectáculo impresionante, de los que solemos denominar "de película": el sol ocultándose en el agua formando reflejos rojizos, el vuelo de las aves a contraluz, las barcas cruzando lentamente el lago y los peces saltando en las orillas... Nos quedamos cortos, seguro, hay que verlo para sentirlo.
El lago era, originariamente, un glofo que quedó aislado por los sedimentos de los ríos Júcar y Turia, y es hoy un pequeño mar interior de agua dulce comunicado con el Mediterráneo por unas compuertas que regulan su nivel. Con seis kilómetros de diámetro, su zona central se conoce por el nombre de lluent, que significa el punto más luminoso, nombre con el que los árabes quisieron describir este espejo del Sol. La infinidad de canales que van a parar al centro del lago confieren al lugar una imagen exótica, en especial cuando los campos están cubiertos por el agua.
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