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Requena - Utiel: El Altiplano del vino

15/06/2006

Partiendo de Valencia y tras subir el llamado "portillo" de Buñol, nos adentramos en una tierra cuya fisonomía, color y meteorología poco o nada tiene que ver con la que dejamos atrás. Estamos en la tierra valenciana del vino por autonomasia.

Salimos de la ciudad de Valencia y nos adentramos, carretera de Madrid arriba, en el puerto de Buñol -antiguamente una dura prueba para los que se aventuraban a subir en muy poca distancia bastantes metros de altitud-, hoy convertido, gracias a la relativamente reciente construcción de la autovía A3 entre Valencia y Madrid, en un cómodo viaducto.

Si volvemos nuestra cabeza adelante y atrás, tendremos la oportunidad de observar un auténtico corte entre el paisaje mediterráneo y la pequeña barrera que da paso al paisaje castellano, a pesar de encontrarnos a bastante distancia de la frontera con la provincia de Cuenca. De hecho, las tierras a las que da paso este puerto dependieron en el pasado, administrativamente hablando, de Castilla. Pero en todo caso es un ejercicio de observación más que atractivo ver una diferencia tan tajante, superada sólo tal vez por el puerto de Pajares que separa León de Asturias.

En otros tiempos, el popularmente conocido como "portillo" de Buñol daba paso a una auténtica "manta" verde de pinos carrascos, digna de ver, respirar y, dependiendo de la prisa o las ganas de recrearse, disfrutar tranquilamente. Algunos se atreverían a aseverar: "Magnífico paraje para una buena siesta". Desgraciadamente, la mano destructora y en demasiadas ocasiones especuladora del hombre ha convertido la zona en un entorno en vías de recuperación, después de repetidos incendios que han diezmado ostensiblemente lo que en otro tiempo fue un auténtico paraíso de fauna y flora realmente merecedor de ser conservado.

Pero no tenemos tiempo para lamentaciones por algo que ya no tiene más remedio quela firma decisión de no repetirlo y procurar, en lo sucesivo, proteger este tipo de tesoros naturales. Seguimos viaje, pues, y una vez dejamos atrás el portillo de Buñol -cuya cúspide nos sitúa en el paraje de Ventamina- nos encontramos con lo que podemos llamar, sin miedo a equivocarnos, un altiplano de clara evocación castellana, cubierto de viñedos por doquier. No siempre fue así: Hasta el siglo XVIII esta zona no estaba cubierta de vides sino de moreras, lo que en su momento más álgido le valió convertirse en la cuarta comarca española en producción de seda.

Pero aquello quedó en el pasado. Hoy en día la industria vinícola se abre paso como puede en el mercado europeo y, de hecho, cuenta con una producción de cava que en los últimos años se ha ganado cierto prestigio a nivel internacional, caso de las Bodegas Torre Oria. La iniciativa privada y el apoyo institucional está potenciando también la producción de vino y hay quien asegura que una gran cantidad de uva de esta comarca viaja hasta La Rioja para engrosar la producción de aquella denominación de origen... Pero como suele ocurrir en estos casos, nada hay de oficial en dichas aseveraciones.

Lo que sí es indiscutible es la gastronomía típica del altiplano que nos ocupa que, acompañando a la vertiente paisajística, se acerca mucho más a la que podemos encontrar en cualquier población manchega que a la mediterránea. Hablamos de gachamiga, una sabrosa variante del gazpacho manchego, el morteruelo, el ajoarriero y, cómo no, el famoso embutido de Requena, más seco, recio y fuerte de sabor que el de otras zonas de la provincia de Valencia. Todo ello por no hablar de las tortas de pan con tocino de cerdo o de embutido que en lenguaje popular son denominadas "tajás". Hay una oportunidad única de degustar todas estas excelentes y sabrosas viandas en la feria de Gastronomía que se celebra en Requena a mitad del mes de mayo, ofreciendo a todo el que pasa con lo mejor de la cocina de la zona, regado por supuesto por una gran variedad de vinos.

La primera población que nos encontramos es El Rebollar, cuya primera vista nos recuerda a un oasis enmedio del desierto. Es El Rebollar quien nos da la bienvenida a Requena, ya a pocos kilómetros de allí. Mientras tanto, nos de la sensación de estar transitando por un amplísimo pasillo en llano rodeado por dos cordilleras de escasa altitud -una a cada lado de la carretera aunque a cierta distancia- que nos aísla de ver latitudes más lejanas.

Y por fin, llegamos a Requena, auténtico centro neurálgico de toda la actividad económica, social y de ocio de toda la zona. Esta ciudad tiene uno de los términos con mayor extensión de toda la Comunidad Valenciana, cercado por las Sierras de Juan Navarro y del Tejo -llamada así porque el pico cumbre se hallaba coronado por un ejemplar de dicho árbol hasta hace pocos años en que fue pasto de las llamas-. Si nos adentramos en cualquiera de las dos, aún podemos ver la lucha contra la muerte de especies tan amenazadas como el águila real, el halcón, el jabalí o el buitre. Si optamos por la Sierra de Juan Navarro, la Herrada del Gallego, el Molino de Marina o el Reatillo son parajes que no nos podemos perder. Si por el contrario preferimos tomar la dirección opuesta hacia el Pico del Tejo, podremos iniciar un auténtico itinerario de fuente en fuente: Rozaleme, Foncaliente, Reina, Las Moreras y Fuente Podrida, entre otras. Algunas, como Fuente Podrida, sita junto al río Cabriel, son afamadas por sus propiedades medicinales.

El río Magro es, sin embargo, el que transcurre por entre viñedos y deja la ciudad de Requena en su orilla izquierda. El origen etimológico del nombre de la ciudad es el árabe "Rekina" o el latín "Richenna" que significa "roca fuerte" o "roca dura". No es por casualidad: antiguamente este enclave lo conformaba un peñasco de baja altura rodeado por murallas y torreones y defendido por un castillo árabe que ha resistido el paso del tiempo gracias, en parte, a los planes de restauración que aún hoy en día trabajan en su recuperación.

Lo más llamativo de la ciudad es que se halla sobre un enjambre de cuevas y pasadizos que, en muchos casos, se desconoce hasta dónde llegan. Cuando los lugareños relatan historias sobre este hecho se nos representa como un auténtico queso de Cruyere y más de un visitante ha dormido con dificultad pensando aquello de "a ver si se hunde esto". Otro detalle digno de visita es lo que en otros lugares conforma el núcleo histórico y aquí se le ha dado el nombre de "la Villa". Mientras que el resto de la ciudad lucha por adaptarse a las nuevas estéticas arquitectónicas, la Villa se mantiene pura y fiel a su estilo, convirtiendo nuestra visita a sus calles en un auténtico viaje en el tiempo hasta la época medieval. Casi parece lógica la celebración de un mercado medieval, con productos artesanales y ecológicos, que se realiza año tras año en verano. Un espectáculo digno de ver y disfrutar.

Requena es también una ciudad de artistas, y al amparo de los sombrajes del "Paseo" -auténtica columna vertebral de la ciudad que la cruza casi de parte a parte- podemos visitar exposiciones de pintura casi todo el año, mostrando con orgullo en la mayor parte de ocasiones paisajes de viñedos o escenas costumbristas de temática agrícola.

Salimos de Requena y nos dirijimos hacia Utiel, nuestro punto de destino final. Podemos escoger el camino más cómodo y rápido -tomar de nuevo la autovía A3-, pero nos perderíamos el enjambre de aldeas que pueblan el camino más largo pero inmensamente más atractivo, y que une ambas ciudades pasando por El Pontón, El Azagador, Roma y Barrio Arroyo, entre otras. Aldeas diminutas pero pintorescas y con una atmósfera tranquila hasta límites desconocidos para muchos. San Antonio es, quizás, la antigua aldea que se sale de la norma, ya que en los últimos años ha adquirido unas dimensiones y una actividad a todos los niveles que han provocado la reivindicación continuada y constante, desde hace más de dos décadas, de segregarse del término municipal de Requena para tener el suyo propio.

Y después de San Antonio, casi sin solución de continuidad, llegamos a Utiel. A simple vista parece menor o incluso menos importante que Requena, pero la feroz competencia, en muchos campos, con aquella le hace merecer, al menos, el beneficio de la duda. De hecho, su estratégica posición geográfica le ha valido convertirse en el centro comarcal de servicios de una extensa zona que extiende su influencia hasta la provincia de Cuenca.

En Utiel se halla un equilibrio difícil de explicar entre la meseta y la cercana Sierra del Negrete y Bicuerca. La Ermita o Santuario de la Virgen del Remedio -patrona de la ciudad y protagonista de la romería que abre la Feria de la Vendimia en septiembre- es el punto final de un trayecto que parte desde la misma ciudad y que nos hace ascender entre frondosos pinares hasta el lugar en el que se halla el Ermitario del siglo XVI, a 1000 metros de altitud y objeto de constantes visitas de peregrinos y viajeros en general durante casi todo el año.

En definitiva, se trata de una zona con una más que evidente riqueza natural a través de su fauna y su flora y que, a pesar de todo y contra viento y marea, lucha por continuar siendo el último vergel antes de dejar la Comunidad Valenciana y adentrarnos en Castilla-La Mancha.

Dicen los de por allí que la mejor época para disfrutar de sus paisajes, sus gentes y sus festejos -ya nos ocuparemos de la Feria y Fiesta de la Vendimia de Requena o de la de Utiel- es a finales de agosto y principios de septiembre, cuando el calor del mediodía comienza a remitir y el frío de las noches todavía no ha llegado a cotas realmente duras.

Lo que es indiscutible es que merece la pena emplear una semana para disfrutarla en toda su grandeza.



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