Consulte
también: |
| O busque su producto: |
|
|
Nos encontramos en la comarca de Los Serranos. Desde Valencia, tomando la llamada Pista de Ademúz y despues la V-234, hemos dejado atrás Lliria y Casinos para después desviarnos hacia Villar del Arzobispo e Higueruelas. La última parada antes de Alpuente, primer paso de nuestra ruta, es una pequeña población llamada La Yesa.



Se cree que Alpuente debe su nombre a un antiguo puente bastante elevado que unía el casco urbano con el impresionante peñón sobre el que se encontraba el castillo y que pudo encontrarse entre el llamado portal de la Torre Veleta y la Peña Redonda. Hoy día el viajero aún puede reconocer los fragmentos de su antiguo recinto amurallado y contemplar los restos de algunas de sus torres y puertas.
Con la desmembración del Califato de Córdoba a principios del siglo XI y la aparición de los reinos de Taifas, Alpuente que pertenecía entonces a una poderosa familia musulmana, los Ibn Qásim, se declaraba independiente, como la taifa de Alpont. Este pequeño reino estaba formado por los términos de Alpuente, Aras de Alpuente, Titaguas y la Yesa.
Era un territorio muy codiciado por su posición fronteriza entre Aragón y Valencia. El Cid en el año 1089 sometió al rey de Alpuente imponiéndole un elevado tributo. A principios del siglo XII fue tomada por los almorávides y poco después Jaime I recibió el castillo como garantía del pacto llevado a cabo con el caudillo musulmán. Reconstruido el castillo en el siglo XIV fue escenario bélico en las disputas mantenidas entre Pedro II el Ceremonioso de Valencia y Pedro I de Castilla. La fortaleza disponía de una sola entrada y en tiempos aún más remotos, un puente levadizo. Rodean el conjunto espectaculares precipicios que se desploman verticalmente sobre el barranco del Reguero. Todavía son visibles los restos de una iglesia excavada en la roca, aljibes y otras dependencias del castillo así como la base de su torre del homenaje. En el siglo XVIII se encontraba en un estado muy deteriorado y las guerras carlistas terminaron definitivamente de arruinarlo. Durante la primera guerra carlista fue ocupada por las tropas de Cabrera y durante la segunda fue ocupada por Cucala, Santes y Mir.
El Ayuntamiento se encuentra en un edificio donde estuvo la antigua aljama donde se puede contemplar todavía los restos de una torre almenada. En el siglo XIV se realizaron varias reuniones por parte de las Cortes de Valencia en el salón consistorial. Alpuente consiguió el título de villa real y por tanto tuvo voto en las citadas cortes valencianas.
La iglesia arciprestal de Nuestra Señora de la Piedad fue construida sobre la antigua iglesia del siglo XIV, consta de una sola nave y tiene adosado un campanario octogonal, de 1557. También a unos dos kilómetros de la villa se halla el acueducto de los Arcos llamado así por sus trece arcadas de estilo ojival, fechado alrededor del siglo XV. Además, el término municipal comprende las parroquias de Corcolilla y el Collado; en las proximidades de ésta última todavía se pueden hallar los restos del castillo romano del Poyo, baluarte de los carlistas entre 1872 y 1876. .
La población se reparte entre los numerosos caseríos y aldeas que rodean la zona como Baldovar que dispone de una ermita dedicada a San Roque, del siglo XVII y un monumento en honor a Jesús, de 1954. Otra aldea es Cuevarrruz que tiene una ermita dedicada a San José, del siglo XVIII. La aldea del Chopo también cuenta con una pequeña ermita. La aldea de Corcolilla conserva la imagen de la Virgen de Consolación y en romería visita Alpuente durante la celebración de sus fiestas. Otras aldeas son Almeza, Campo de Abajo, Campo de Arriba, Hontanar, Hortichuela, Eras, Benacatázara, Carrasca, Canaleja, Cañadeseca, y los despoblados de Arquela, Arquelilla, Berandia, Cañadilla, masadilla, Vizcota y la Torre.
Es momento de seguir camino hacia Titaguas, el siguiente paso en la misma carretera que nos ha llevado hasta Alpuente. Titaguas tiene un clima seco, de montaña. Sus aguas son frescas y, algunas, hasta con cierto valor medicinal. Su paisaje, verdadero mosaico luminoso, en el que se aprecia tanto lo recortado del mismo como el contraste de sus cereales dorados y secos por el sol junto al verdor de la vid.
Debemos hacer conjeturas sobre la base que nos proporciona la heráldica municipal, y así como se ha dicho que Aras de Alpuente, la vecina población era el 'Ad Aras' de los itinerarios romanos de Antonino, esto es lugar donde había altares, y estatuas romanas, de Titaguas podemos conjeturar lo mismo. Los emblemas heráldicos de ambos pueblos ofrecen en comén la presencia de aras o altares. Titaguas tiene en su escudo un ara sobre la que descansa una columna y unas aspas que la coronan. A derecha e izquierda del conjunto sendos cipreses y sobre la cara anterior del ara, tres cruces.
Se han encontrado un grupo de pinturas rupestres del arte levantino en el barranco de la loma de las cuevas o llamado también rincón del tío Escribano ; describen escenas de caza combinando figuras antropomorfas y animales, en las que resalta el color ocre.
Se han hallado restos en su término municipal de época prerromana y consisten en abundantes cerámicas. También se han encontrado fragmentos de vasos en la ladera del pico de la Lámpara, en el portillo, en el vado de la Zafra alrededor del aljibe que existe en el camino del río, en la zona de la Hocejilla y en el Hondón, en el cual se pudieron encontrar unas urnas ibéricas del tipo de orejetas y fragmentos de una gran tinaja. También aparecieron fragmentos de vasos de dudosa procedencia, posiblemente ibéricos, en el calvario viejo, en la ceja de los morales y en los cerrillos que se levantan en la zona del Hondón.
Antes de ser tomada para las armas cristianas Titaguas perteneció a la poderosa familia musulmana de los Ibn Qásim. Por otra parte, no consiguió su independencia de Alpuente hasta el año 1729, momento en el que Felipe V le concedió el título de villa real. Fue escenario bélico durante la guerras carlistas y también sufrió los actos vandálicos por parte de ambos bandos.
Su iglesia parroquial es de estilo renacentista y fue realizada en el siglo XVI.
Más hacia el norte de la población se levanta la ermita de la Virgen del Remedio, que tras sufrir los embistes de las guerras carlistas quedó destruida, realizándose las reformas necesarias para su mantenimiento poco después.
Por fin, volvemos a la carretera que nos sirve de guía en nuestra ruta y seguimos camino en la misma dirección hasta Aras de los Olmos, antiguamente denominada Aras de Alpuente. Se trata del más noroccidental de la provincia de Valencia, ya que a pocos kilómetros nos encontraremos con las fronteras con las provincias de Cuenca y Teruel. Es, por tanto, una población con una mezcla interesante de culturas y tradiciones: la valenciana, la castellana y la aragonesa.
Se documentan importantes hallazgos arqueológicos en relación a los restos ibéricos encontrados en la zona del Castillico, que pertenecieron a un poblado que sobrevivió hasta los comienzos de la romanización.
Jaime I la ocuparía para las armas cristianas en el año 1236 repartiéndola entre pobladores aragoneses. Gracias a una donación real pasó a la Orden del Hospital y en el año 1318 pasó a los dominios de los caballeros de Montesa. Alcanzó la independencia municipal en el año 1728 cuando Felipe V la convirtió en villa real separándola de Alpuente. Durante las guerras carlistas fue escenario de diversos enfrentamientos llegando a sufrir los efectos devastadores de la expoliación llevada a cabo por ambos bandos.
Su proximidad al frente de batalla en la sierra de Javalambre durante la guerra civil de 1936-39 provocó graves destrozos en todo su término municipal.
La iglesia parroquial está dedicada a la Virgen de los Angeles y fue construida a finales del siglo XVI, dependiendo de Alpuente hasta mediados del siglo XVIII.
A una altura de 1174 metros de altitud se encuentra el santuario de Santa Catalina, concretamente en la vertiente oeste de la muela del mismo nombre. Su construcción data del siglo XVIII; es un gran edificio de cruz latina que dispone de un gran crucero; tiene aneja una hospedería y una fuente, conocida como la “font de la araña”.
Y por fin llegamos al final de nuestra ruta. Desde el último punto podemos hallarnos ante el dilema de volver sobre nuestros pasos o comprobar cóm, si seguimos camino tan sólo durante unos pocos kilómetros, pasaremos de estar en la Comunidad Valenciana a la de Castilla-La Mancha o la de Aragón, en distancias realmente cortas. Y es que, coloquialmente hablando, podemos asegurar que nos encontramos justo en el vértice entre las tres comunidades autónomas.
Noticias anteriores
La Iglesia arciprestal de Santa María la Mayor de Morella
Las Peñas de Dios: Andilla, Figueroles y Oset
Caminando por el pasado en el término de Andilla