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La Pobla de Benifasar se encuentra en la zona montañosa del norte de la provincia de Castellón, en los límites provinciales de Tarragona y Teruel, situada entre el Barranco de la Puebla y el Barranquet de la Font.
El viajero atravesará las viejas y bellas aldeas -ya desaparecidas- del Boixar y Bellestar, Bel, Coratxar, y otras zonas escasamente pobladas como Vallibona o Castell de Cabres, donde podrá recorrer sus impresionantes caminos en forma de herradura, sin la asfixiante presión urbana de la gran ciudad.
Es un território de montaña que ha sufrido una fuerte despoblación en los últimos años. Los siete municipios han quedado reducidos en la actualidad a tres, Castell de Cabres, Vallibona y La Puebla de Benifasar -el primero por debajo de los cincuenta habitantes y el segundo en torno a los cien-.
Los primeros pobladores
Se ha podido constatar que los primeros pobladores de la comarca pertenecieron al Mesolítico; así, en la Cova dels Rossegadors situada en el margen derecho del segundo barranco dels Rossegadors, próximo al río Cenia, se han localizado varios grupos con un total de 79 figuras pintadas, destacando por su conservación los colores rojos y negros. Estas figuras representan escenas campestres de caza y lucha, constituyendo la manifestación del arte rupestre localizada más al norte de nuestras tierras. Fueron descubiertas en el año 1947 al utilizarse la cueva como almacén de explosivos para la construcción del cercano embalse de Ulldecona. Por esta razón, se le conoce también como la Cova del Polvorí, aunque en realidad se trata de un abrigo protegido por un muro de piedra, que consta de una puerta.
HISTORIA
La Tenencia de Benifasar pertenecío en feudo al abad del monasterio del mismo nombre. De toda la Tenencia, Benifasar constituyó el centro neurálgico de esta pequeña comarca y su historia ha estado siempre íntimamente ligada a la de su antiguo castillo y al Monasterio de Santa María de Benifasar.
También se le conoce con el nombre de la "Setena de Benifassà", puesto que en ella se encontraban los siete pueblos que estuvieron bajo el señorío y tenencia del abad del monasterio, como eran, Bel, Bell-estar, Boixar, Castell de Cabres, Coratxà, Fredes y la Puebla de Benifasar. De todos ellos, sólo dos quedan en la actualidad, Castell de Cabres y la Puebla de Benifasar -con Fredes adscrito-; mientras que el Boixar, Bell, Bell-estar y Coratxà han quedado deshabitados.
En el año 1195, Alfonso II de Aragón concedió al Obispo de Pons de Tortosa el Castillo de Benifasar que todavía estaba en poder de los moros. En el año 1229 el monasterio había recibido estas tierras de manos de Guillém de Cervera, y en el año 1233, Jaime I mandó erigir en el monasterio una ermita dedicada a Santa Escolástica. El tercer abad Guillermo de Almenara lo trasladó a su actual emplazamiento y poco después, en el año 1250, los monjes bajaron desde la ermita de Santa Escolástica para instalarse en las nuevas dependencias del monasterio al que llamaron Real Monestir de Santa Maria de Benifassà. Fue ésta la primera fundación llevada a cabo en tierras valencianas por la Orden del Císter.
Durante las guerras carlistas el general Cabrera convirtió el monasterio en un hospital de sangre y depósito de prisioneros, donde se refugiaron los supervivientes del ejército de Pardiñas, tras el desastre de Maella.
Durante la Guerra de la Independencia contra los franceses los soldados de Napoleón hicieron una tremenda rapiña que agravó su deterioro. El monasterio quedó sometido al expolio de los franceses y se dice que entre las obras de arte desaparecidas se encontraba el primer manuscrito dels furs del Reino de Valencia, atribuido a los propios monjes de Benifasar, además de otros valiosos documentos.
En la parte más elevada de la puebla de Benifasar se alza la iglesia parroquial dedicada a San Pedro Apóstol. Su emplazamiento supone un auténtico deleite a los ojos del viajero. Su primitiva traza era románica aunque fue objeto de varias modificaciones que la han desfigurado. El campanario fue alcanzado por un rayo y sus cascotes dañaron la cúpula.
Además todavía se pueden adivinar algunos pequeños lienzos de lo que debieron de ser las murallas del castillo del Boixar y un edificio que debió pertenecer a su estructura, en el término de la Puebla de Benifasar. En el espacio físico actual también se identifican construcciones más modernas.
Todavía se pueden contemplar las ruinas del desaparecido castillo de Castell de Cabres en un lateral del monte llamado la "Mola del Castell"; el cual debió de ser un puesto avanzado de vigilancia de otras fortalezas más cercanas.
EL CASTILLO DE BENIFASAR
El Castillo de Benifasar, llamado por los musulmanes Beni-Hazá, fue conquistado por Alfonso II de Aragón en 1195, el cual lo agregó al señorío del Obispo de Tortosa. Aún así fue recuperado por los musulmanes y vuelto a ocupar por Pedro II de Aragón. Poco más tarde, fue cedido a Guillém de Cervera y éste en el año 1229 lo traspasó con todos sus derechos al Monasterio de Poblet. Cinco años más tarde Blasco de Alagón lo incorporó a la demarcación de Morella y en ese mismo año Jaime el Conquistador autorizó a los Cistercienses de Poblet a fundar allí un nuevo Monasterio.
Los monjes levantaron en el castillo una ermita dedicada a Santa Escolástica, trasladándose en el año 1250 a las nuevas dependencias del monasterio. Este hecho provocó el abandono paulatino del castillo y la aceleración del proceso de degeneración de sus construcciones. Hoy apenas quedan restos visibles de la fortaleza -emplazada en el interior del monasterio- y ni tan siquiera sus moradoras conocen la ubicación exacta. Su estado ruinoso dificulta aún más su localización.
FESTEJOS
Celebra sus fiestas el 29 y 30 de Junio y el 15 de Agosto y se les conoce con el nombre de Poblencs.
EL MONASTERIO DE SANTA MARÍA
Al comenzar el Rey Jaime I la reconquista de nuestras tierras de manos musulmanas ocupó en primer lugar las tierras del Alto y Bajo Maestrazgo, entre ellas las de Benifasar. Jaime I tomó como una de sus primeras decisiones fundar un monasterio en el que se elevasen plegarias agradeciendo el éxito de sus campañas bélicas, creándose el monasterio de la Orden del Císter.
Desde sus inicios, el abad del Real Monasterio de Santa Maria de Benifasar siempre ha gozado de un gran poder; éste podía nombrar un padre notario con facultades para formalizar escrituras públicas en toda la Corona de Aragón y recibir los diezmos. Poseía pinturas, una biblioteca, orfebrería y otros ornamentos sagrados. El Abad Juan Barberá, será el primer abad que usará las insignias episcopales -anillos, báculo y mitra- concedidos por el Papa Paulo IV.
A mediados del siglo XVII el monasterio sufrió varios altercados a raíz de la guerra de sucesión en Cataluña -los migueletes ocuparon el edificio-, a ello se unió la terrible peste que asolaba el país y la imposibilidad de llevar a cabo la recaudación ordinaria de los censos. A partir de 1760 se inició una época de prosperidad y mejoras en el monasterio, entre ellas destacaron las obras en la casa de la puebla y en el molino del abad ; además se cobraron los censos y se compraron huertos.
En el año 1810, disueltas las ordenes religiosas por orden de José Bonaparte y alarmados los monjes por la proximidad del ejército francés, evacuaron el archivo y abandonaron el monasterio. Con la vuelta de Fernando VII se devolvieron los bienes encautados a las comunidades religiosas pudiendo regresar los monjes a su hogar.
A mediados del siglo XIX el monasterio fue saqueado e incluso incendiado. A excepción de la Iglesia y el claustro -gravemente dañados-, casi todas las demás edificaciones fueron arrasadas. Aún así el conjunto fue declarado monumento artístico nacional en 1931. En 1956 comenzaron las obras de restauración del monasterio con la colaboración de la Dirección general de Bellas Artes. La Orden de San Bruno lo convirtió en la primera Cartuja femenina creada en España, en 1967.
Requiere especial atención el "Palacio Nuevo", "la puerta real" de estilo románico, el monumental templete llamado "Cisterna" -aunque realmente es el patio del viejo palacio abacial-; "el claustro", cuyos arcos descansan sobre pares de columnas con unos capitales decorados con motivos florales, heráldicos y toscas figuras, obra del siglo XIV; "la sala capitular"; la Iglesia de una sola nave con tres tramos y ábside iniciada en el año 1264 y completada en 1460 por el maestro Barceló de Vallibona. En el siglo XVII se le añadió el crucero. Se conserva también "la torre", obra de Beltrán Estrada de finales del XVII. La que fuera "puerta de clausura" de traza clásica con pilastras, balcón y escudo -labrada en 1721-, se ha convertido en la puerta principal del monasterio.
BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA
Figueras Pacheco F., Geografía General del Reino de Valencia
VVAA, Gran Enciclopedia de la Región Valenciana, Mas Ivars, Valencia 1973
VVAA, Nuestras Tierras, Vicent Garcia Editores S.A. Valencia 1986.
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