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Ubicada en el Rincón de Ademúz, en tiempos remotos perteneció a la corona de Aragón, llegando a formar parte de la encomienda de Montesa. Hereda la belleza natural del Rincón de Ademuz, como un vergel montañoso en el punto de encuentro entre Castilla, Aragón y la Comunidad Valenciana.
Parece ser que se han hallado en su término municipal las ruinas de un poblado de época ibérica asentado sobre otro de la Edad del Bronce o de la Primera Edad del Hierro. Los restos hallados se localizaron en la loma de Valluenga y entre ellos se cuentan fragmentos de brazalete y anillos de bronce, restos óseos, un clavo con resorte de hierro, una punta de lanza y un trozo de cuchillo, también de hierro.
Su fundación fue posterior a la conquista cristiana como así lo indica el propio nombre del término municipal "puebla". Perteneció al señorío de la corona aragonesa y llegó a formar parte de la encomienda de Montesa. Su propietario posterior, Miguel Rico, la vendió consiguiendo elevados ingresos de la operación.
Durante las guerras carlistas sirvió de refugio a las partidas carlistas que buscaban protección entre sus abruptos parajes. La población sufrió la depredación y el saqueo durante la estancia de estos en sus tierras.
Merece especial atención su iglesia parroquial dedicada a San Miguel y construida en la segunda mitad del siglo XVIII. Por otra parte, existe una pequeña ermita dedicada a la Purísima con un hermoso calvario cuya arquitectura se aleja de las típicas ermitas que inundan de blanco el paisaje de las tierras bajas valencianas y pone de manifiesto al viajero que se encuentra en una zona de transición. Además cuenta el municipio con otra ermita en honor de Santa Guillerma.
Debido a la proximidad tradicional con tierras castellanas se ha impuesto el castellano como lengua más habitual entre sus habitantes.
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